Aquel verano en que el Negro pudo

Corría el año 1986, cuando con mi amigo y socio Guillermo Bredeston nos enteramos que don Jaime Cabouli, dueño del complejo de tres teatros Astral, Lido y Neptuno de la calle Santa Fe, los tenía sin programar para la temporada siguiente a la espera de empresarios de compañías que pudiesen estar interesados en exhibir sus espectáculos en sus salas. Con Guillermo fuimos a ver a Cabouli, a quien no conocíamos. Sí teníamos relación con Luis Alvarez, “Alvarito” para todos, administrador del complejo.

En una jugada fuerte y arriesgada para nosotros le propusimos programarle no uno sino sus tres teatros para el verano, negociación que rápidamente quedó cerrada. A partir de eso pusimos manos a la obra para encarar lo que entendíamos convendría proponer al público. Paralelamente yo tendría en el teatro Corrientes 1 el segundo año de “Made in Lanús”, obra que había presentado en la temporada anterior con el cuarteto


Brandoni/Bianchi/Manso/Contreras y que repetiría debido al éxito provocado en todo el sentido del término: artístico y comercial.