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lunes 12 de abril de 2021
Cursos de periodismo

¿Ari Paluch y cuántos más?

Entré a un diario nacional como becaria, a los 20 años. Cuando el subdirector, un periodista de renombre, salía de su oficina para recorrer la redacción, yo miraba de reojo para donde rumbeaba: siempre buscaba una espalda femenina para apoyarse y sobar con sus manos pegajosas. Dos periodistas, unos pocos años mayores que yo, solían ser sus víctimas preferidas. A veces me tocaba a mí. ¿Qué podía decir, aunque me desagradara, si sucedía a la vista de todos? Se aceptaba sin comentarios, más que algunos chistes entre colegas masculinos –lo supe ahora– que hacían apuestas a ver a quién (le) tocaba ese día.

No era una mano indeseada en el culo. Pero tenía el mismo efecto de invasión en mi cuerpo, incómodo, perturbador. Pensé que esas cosas ya no pasaban, que tenían que ver con un contexto de otro tiempo, más de dos décadas atrás. Pero esta semana, cuando empecé a indagar sobre el acoso sexual en el ámbito de los medios, a partir del caso de Ari Paluch, supe que seguía vigente: que hay editores –algunos periodistas de la tele—que apelan a la misma treta para toquetear a jóvenes colegas en redacciones de portales de noticias. Y gozan de la misma impunidad, a la vista de todos.

No es la única situación de acoso sexual que escuché por estos días. Los relatos son variados. Lo más llamativo tal vez es que no necesité hacer una investigación exhaustiva. Apenas tuve que preguntar en un par de chats que comparto con periodistas y comunicadoras para que me empezaran a llegar mensajes de audio con experiencias espantosas. Una conocida me dijo que era tan horrible lo que le había pasado que no podía grabar un audio y cuando le ofrecí que lo escribiera o me lo contara directamente, se dio cuenta de que tampoco podía ponerlo en palabras. Todavía.

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