lunes 10 de diciembre

Australia, el país que dejó de fabricar autos (y no murió en el intento)

Es común en la Argentina escuchar que los autos son caros. También hablar de la falta de competitividad de la industria local que se sintetiza en una frase: “sólo le podemos exportar a Brasil”. Salvo excepciones, las dificultades de las terminales locales por acceder a nuevos mercados está a la vista. Sin duda, la alta presión impositiva juega un papel clave. Según algunos estudios, el 54% del valor de un 0 km producido en el país son impuestos y, muchos de estos tributos, se “exportan” cundo se vende un auto al exterior. Para protegerse de esa ineficiencia productiva, se aplica a los vehículos importados de países fuera del Mercosur un arancel del 35%. Esta política está en pleno debate en la actualidad a partir de las declaraciones del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, quien planteó avanzar con esquemas más abiertos y de reducción arancelaria. Hace dos semanas, se publicó en Ámbito Financiero un entrevista a Cristiano Rattazzi, presidente de FCA en la que se le preguntaba sobre el futuro de la industria automotriz argentina en un escenario de apertura. “Evidentemente se va a tener que reformular la visión de las fábricas. Algunas ya tenemos un proyecto exportador. El mundo evoluciona. No sé si quedarán las 12 fábricas que hay en la actualidad. Estoy seguro que alguna otra marca quedará. La nuestra va a quedar abierta a todo el mundo y no encerrada con Brasil” dijo el empresario. En la actualidad, hay tres fábricas de vehículos comerciales y nueve de autos o pick-ups. No son muchos los países que tienen una industria automotriz. La Argentina tiene una larga tradición en la fabricación de vehículos pero es cierto que los tiempos van cambiando y, en el mundo, es cada vez más difícil sostener este tipo de sectores cuando no se es competitivo. Un ejemplo es Australia. Hasta hace algunas décadas mantenían muchas similitudes: territorio extenso, baja población, producción primaria y economía cerrada. También coincidían en que ambos países fabricaban autos. Esto fue así hasta que, 30 años atrás, Australia comenzó un cambio económico basado en dejar de lado la fabricación de bienes para desarrollar el sector de los servicios. El resultado fueron 27 años de crecimiento consecutivos. Esto llevó, entre otras cosas a decidir poner fin a su industria automotriz. Marcas como Mitsubishi, Ford, General Motors y Toyota decidieron ir cerrando sus plantas en la isla oceánica a partir de la reforma económica que impulso la baja de aranceles y la quita de subsidios. La última en hacerlo fue la marca local Holden, en octubre del año pasado, después de décadas de actividad. En los mejores momentos, se llegaron a producir en el país más de 500.000 unidades, cuando el mercado estaba cerrado. Con la apertura, los 24 millones de habitantes fueron eligiendo modelos importados que desplazaron a los de producción local. Hoy se venden alrededor de 1,2 millones de 0 km. Según cálculos oficiales, en poco más de 10 años se habían destinado u$s23.000 millones en beneficios al sector que no tuvieron una contrapartida en aumento de las exportaciones. En Australia, también, los autos que se fabricaban eran caros y difíciles de colocar en el exterior. Para conocer los detalles de la decisión con poner fin a esta industria, Ámbito Financiero entrevistó al embajador de Australia en la Argentina, Noel Campbell. Este es el diálogo mantenido con el diplomático.


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