domingo 5 de diciembre de 2021
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Bajar es lo peor

El libro propone dejar de nutrirse del combustible egoico y empezar a nutrirse del combustible espiritual. Nosotros tenemos que volver a lo que somos esencialmente: seres espirituales que estamos viviendo una experiencia humana y no seres humanos que ocasionalmente podemos vivir una experiencia espiritual. Nosotros no somos un cuerpo que tiene un alma sino un alma que tiene un cuerpo. De manera tal que si pudiéramos nutrirnos, todos los días, de combustible espiritual, esto se haría más llevadero, más pleno y más en paz. ¿Cómo nutrirse del combustible espiritual? ¿Dónde está la gasolinería aquí, en Insurgentes o en cualquier lugar de México, que vende eso? Está adentro de uno, porque adentro de uno anida un tesoro enorme que es la divinidad”.

El orate que habla a las masas es Ari Paluch, y su poder de encantamiento vence las suspicacias. Cuando la vida verbal presenta estas formulaciones y clava palabras como dardos de diamante en un corcho mojado (transiciones delicadas como “de manera tal”; el desesperante “egoico”, que nos recuerda a Sergio Goycochea en Italia ‘90), nos pasa como cuando pintamos con Cetol: la escalada de adicción a los gases perfumados crece en una carrera loca hacia el quiero más. Podríamos pintar la Gran Muralla China bajo ese vicio que nos impide abandonar un cierto estado de atenazamiento al dolor mental, lo que destruye con gusto las sinapsis cerebrales y nos embriaga de dimensiones nuevas.

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