jueves 18 de octubre

Banksy y el gesto populista

Banksy, Banksy… lo consiguió otra vez. Logró que todo el mundo volviera a hablar de sus cuadros, y que la prensa mundial celebrara eufórica su última jugarreta. Lo vimos casi en directo: en medio de una subasta en la que multimillonarios se disputaban piezas exorbitantes a punta de fajos, una de sus imágenes, Niña con globo, la más mala de todas y quizás por ello la favorita de los ingleses, se deslizó de su marco y cayó en las fauces de una trituradora. Justo después de ser vendido por más de un millón de dólares, medio cuadro quedaba convertido en una cortina de abalorios.

Oh, dijeron algunos, un gesto dadaísta; arte que se autodestruye para criticar la servidumbre del arte al dinero.


No, replicaron otros, marketing, un simple desplante que confirma la capacidad del mercado para sacar rédito, multiplicando su valor, de cualquier gesto de rebeldía.

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