20.8 C
Buenos Aires
domingo 26 de septiembre de 2021
Cursos de periodismo

Beatriz Sarlo: «Desde dónde hablo»

Sobre las equivocaciones: conviene que los intelectuales las reconozcan incluso antes de que se las señalen. Dije varias veces “me equivoqué” y muchos gentiles comentaristas se burlaron de esta confesión como si fuera más culpable por haberlo reconocido que por el error mismo. Así son los modales en las redes, que suelen prohijar seudónimos para insultar a personas que exponen su nombre y apellido. Pero los intelectuales insisten en declarar sus equivocaciones. Quizá no sea por un ejercicio de sinceridad sino con el objetivo táctico de primerear a sus críticos.

Para no desmentir a quienes, muchas veces despectivamente, me califican como intelectual, ya mismo confieso: no debí decir que me ofrecieron vacunarme por debajo de la mesa. La frase, verdadera y totalmente comprensible en el castellano coloquial, fue el pedazo de carne que les faltaba a quienes me criticaban no por esa frase sino por haber hecho público que esos ofrecimientos existían. En el lenguaje que también usan las redes sociales, la frase “debajo de la mesa” no es ni elitista, ni incomprensible. Es simplemente una expresión metafórica.

Difícil entender por qué la sencillez de esa metáfora haya dado lugar a tantos ataques contra quien la pronunció. Hay tres posibles explicaciones. Una es que la frase se haya vuelto incomprensible de la noche a la mañana, transformación semántica inverosímil. La otra es que quienes la atacaron hayan elegido no comprenderla, con la facilidad que comprenderían si alguien dijera que le pasaron los datos por debajo de la mesa (es decir en secreto) o que intentaron entregarle dinero por debajo de la mesa (por ejemplo como cohecho). La tercera posibilidad es que las metáforas más sencillas pueden ser siempre objeto de interpretaciones diferentes al sentido que quiso darles quien las pronunció.

perfil.com  (www.perfil.com)