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miércoles 21 de abril de 2021
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Beatriz Sarlo habla de drogas, peronismo, comunismo, aborto y Chacho Álvarez

Ayer le robaron a Beatriz Sarlo. Dos botellas de perfume con poco uso. “¿Podés creer?” Entraron a su casa de Caballito y si bien revisaron bastante, se llevaron solo eso. “O eran minas o el chorro volvió a su casa con un buen regalo de cumpleaños”, bromea. Aún en la conversación trivial, Sarlo está definiendo tipos sociales, modos de habitar el mundo, algún tipo de lógica conductual. Su formación en Letras no morigeró su talento antropológico, ese que en los años 90 le permitió un salto profesional muy importante. Con el éxito de Escenas de la vida posmoderna (1994, Emecé) se compró el estudio de la calle Talcahuano casi Rivadavia en el que tiene lugar esta entrevista; con sus crónicas sobre la ciudad de la revista Viva llegó a un público que antes no hubiera podido conocerla. Desde entonces es una figura pública con una aparición constante en los medios, que tuvo su punto máximo en su recordada aparición de 2011 en 678 y su famoso “Conmigo no, Barone”.

Antes de todo eso, el mundo de Beatriz Sarlo estaba circunscrito a la universidad, la literatura (y las artes en general) y la política. Ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras en el año 59 y apenas unos años más tarde ya militaba en el peronismo, dos decisiones totalmente ajenas a lo que prefiguraba su origen familiar. Trabajó en el Instituto Di Tella y luego ingresó a la editorial Eudeba, donde se formó con Boris Spivacow, quizás el editor más importante de la Argentina, con quien también trabajó en el Centro Editor de América Latina. Paralelamente a su ingreso en el Partido Comunista Revolucionario (donde militó tanto como intelectual como activista de base), comenzó a dirigir la revista Los libros junto a Ricardo Piglia y Carlos Altamirano, con quienes fundaría, ya durante la dictadura, la revista Punto de vista. Aquella publicación fue clave para su encumbramiento en el canon literario argentino: Sarlo fue muy importante para la difusión y desarrollo de algunos escritores (y lo opuesto respecto de otros, dirán sus detractores). Lo cierto es que es una referente ineludible para cualquiera que pretenda una mínima comprensión de la literatura nacional, y no sólo en la Universidad, donde estuvo al frente de la cátedra Literatura Argentina durante más de 20 años, sino en varios otros ámbitos.

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