viernes 22 de junio

Beatriz Sarlo: “La palabra caballo no relincha”

Se equivocaron en aquel comienzo de 2016, cuando Macri fue a Davos y se creyó a la par del primer ministro canadiense, Justin Trudeau. El periodismo que lo siguió no supo o no quiso corregir esa fantasía, y las notas desde Davos reafirmaban la consagración internacional del nuevo presidente. El futuro era nuestro. El séquito de Macri difundía la buena nueva de que los más astutos capitalistas internacionales querían invertir aquí, porque la Argentina era un gran país, y su presidente recibía universales pruebas de confianza.

Fue una ilusión. Se dirá que con el diario del lunes nadie se equivoca y que, con el diario del domingo, todavía puede prevalecer el deseo infundado o el mal cálculo. Pero las metáforas que inspira el fútbol, en general, solo sirven para pensar ese deporte, si es que sirven para algo. En primer lugar, porque la Argentina no es un gran país, sino que trabajosamente ha tratado de no recibir la calificación de nación decadente e inestable. Hoy, el macrismo se aviene a reconocer que, desde hace setenta años, hemos vivido de crisis en crisis y que las condiciones para que lleguen los inversores no son buenas. La fortuna de la familia Macri desmiente esta cronología. Deben haber sido muy inteligentes empresarios, durante la dictadura y en los años 90. Pero aquel “gran país” se ha convertido en un lugar donde todos piensan diez veces antes de enterrar acá su capital.


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