lunes 28 de noviembre de 2022
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Ben-Gvir, el extremista que marcará el pulso del gobierno en Israel

Muy pocos creyeron que el gobierno de alternancia israelí, que asumió en junio de 2021 y fue derrotado en las urnas el 1 de noviembre pasado, pudiera cumplir un mandato completo de cuatro años. Más bien, sorprendió que durase tanto tiempo. Las diferencias ideológicas dentro del gobierno, compuesto por ocho partidos, terminaron siendo demasiado grandes. Sin embargo, puso fin al larguísimo mandato del conservador Benjamín Netanyahu como primer ministro e incorporó por primera vez a la coalición de gobierno a un partido árabe. La coalición logró aprobar el urgente presupuesto que volvió a poner en funcionamiento los ministerios israelíes. También reguló los coletazosde la pandemia en un tono distinto, más relajado, que no recurrió a confinamientos ni al cierre de escuelas. En política exterior, las relaciones con los países vecinos, Europa y Estados Unidos mejoraron significativamente. Israel volvió a posicionarse como un socio confiable.

Estas conquistas fueron rotundamente rechazadas en las elecciones parlamentarias del 1 de noviembre. Los resultados muestran que los partidos democráticos de centroizquierda se sacaron votos entre sí pero no pudieron captar el apoyo de nuevos votantes. El Partido Laborista ha reducido su representación en la Knéset, el Parlamento israelí, de siete escaños a solo cuatro escaños, sobre un total de 120. La segunda fuerza progresista, Meretz, superó por poco el umbral de 3,25% necesario para ingresar en la Knéset. Las cosas son muy diferentes del lado de la derecha. Los conservadores, representados por el conservador-liberal Likud y los partidos ultraortodoxos y ultranacionalistas, pueden disfrutar, con sus 65 escaños, de una estabilidad sorprendente en la Knéset. Ninguna encuesta predijo este aplastante triunfo. Sin embargo, el verdadero ganador de la jornada no fue Netanyahu, sino Itamar Ben-Gvir.

Líder del partido Otzmá Yehudit [Fuerza Judía], motor de la lista partidaria de los sionistas religiosos, Ben-Gvir logró que su agrupación más que duplicara el número de escaños parlamentarios y pasara de 6 a 14 bancas. Así, este partido nacionalista-religioso que reivindica abiertamente la supremacía racial judía quedó como tercera fuerza parlamentaria y podrá inclinar la balanza a su arbitrio. Cuando Ben-Gvir subió al escenario frente a sus seguidores durante la noche de las elecciones, estos coreaban enérgicamente frente a las cámaras consignas como «Muerte a los árabes». Su influencia política en la futura coalición podría ser devastadora.

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