sábado 4 de diciembre de 2021
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Bernard Tapie, el magnate de las mil batallas

Lo primero que hizo Bernard Tapie tras anunciar que padece un cáncer de estómago con metástasis en el esófago fue lanzar una advertencia a los periodistas: “No es momento todavía de escribir mi necrológica”, bromeó el empresario francés. Pero lo hizo con una risa contenida. Porque este Berlusconi galo, ese chaval de un barrio humilde de París que fue cantante, piloto de carreras y vendedor antes de consolidarse como millonario empresario, dueño de un club de fútbol y de un diario, este hombre que entró en política de la mano de François Mitterrand, este hombre de sonrisa desafiante que lo ha llegado a tener todo, que ha perdido mucho y que también se ha enfrentado a lo largo de sus 74 años a todo y a todos, incluso al Estado, afronta ahora una batalla contra su propio cuerpo cuyo final es imprevisible. Pero en el guion de la extraordinaria vida de Bernard Tapie, Nanard, la palabra rendirse no está escrita en ningún sitio. Y no parece que vaya a empezar a hacerlo ahora. “Voy a luchar como lo he hecho siempre”, prometió antes de desaparecer del foco público para concentrarse en el mayor combate de su vida.

Su respuesta a este nuevo desafío no ha sorprendido a quienes lo conocen. En 1998 presenciaron otra de estas reacciones clásicas de Tapie. El hombre que para entonces ya era un empresario de éxito, un político apadrinado por el socialista Mitterrand antes de caer en desgracia y pasar incluso seis meses en prisión por un escándalo de corrupción, se puso una gorra de chófer y se sentó al volante de una limusina para rodar un vídeo del rapero Doc Gyneco, con el que cantó a medias el tema C’est beau la vie. “Nunca olvides de dónde vienes / la calle es mi terreno y cada uno es responsable de sus peleas”, canturreaba Tapie con una sonrisa irónica. Porque de peleas, Tapie sabe un rato.

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