viernes 20 de mayo de 2022
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Biden y Putin juegan con fuego en Ucrania

No es exagerado decir que lo que está ocurriendo actualmente en el corazón del continente europeo es el momento más peligroso de la historia contemporánea, el más cercano a una tercera guerra mundial desde la crisis de los misiles de 1962 en Cuba. Es cierto que ni Moscú ni Washington han insinuado hasta ahora el uso de armas nucleares, aunque no cabe duda de que han puesto sus arsenales en estado de alerta. También es cierto que el nivel de alerta militar en Estados Unidos aún no ha alcanzado las mismas cotas que en 1962. Pero mientras la acumulación militar rusa en las fronteras de Ucrania supera los niveles de concentración de tropas y de fuerzas en una frontera europea presenciados incluso en los momentos más cálidos de la Guerra Fría, la escalada verbal de Occidente contra Rusia ha alcanzado un nivel peligroso, acompañado de gestos y preparativos militares que crean una posibilidad real de conflagración.

Los gobernantes de las grandes potencias están jugando con fuego. Vladimir Putin puede pensar que esto es como mover la reina y la torre en un tablero de ajedrez para obligar al adversario a retirar sus piezas; Joe Biden puede creer que es una oportunidad adecuada para pulir su imagen doméstica e internacional, muy deslucida desde su vergonzoso fracaso en la puesta en escena de la retirada de las fuerzas estadounidenses de Afganistán; y Boris Johnson puede creer que el pretencioso alarde de su gobierno es una forma barata de desviar la atención de sus problemas políticos internos. Sin embargo, el hecho es que los acontecimientos en tales circunstancias adquieren rápidamente su propia dinámica al ritmo de los tambores de guerra, una dinámica que sobrepasa el control de todos los actores individuales y corre el riesgo de desencadenar una explosión que ninguno había previsto originalmente.

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