Biohacking: cómo es vivir con varios chips bajo la piel

«¿Y por qué venis a hacerle una nota?», preguntan, de curiosos, en la conserjería del hotel. Y se sorprenden cuando, admiten, «no nos habíamos dado cuenta». «¿Ven? Si me miran o me cruzan por la calle no hay manera que sospechen que tengo chips implantados», sonríe Janine Medina, 35 años, de Brooklyn, con un Master en la Universidad de Illinois de Chicago en biomedicina e informática de la salud.

La semana pasada estuvo en Buenos Aires, donde implantó 25 chips bajo la piel a personas que fueron a la conferencia Andsec. Cada uno, tenía un valor de US$ 25 y los turnos se agotaron rápidamente. El kit para insertarlo incluía la jeringa con el chip adentro, guantes, curita, gasas, alcohol y una tela para evitar que el brazo tenga contacto con otra superficie durante la instalación.