lunes 10 de diciembre

Bolsonaro y la ola amarilla

El resonante triunfo de Jair Bolsonaro en la primera vuelta electoral del domingo supone el retorno del Brasil conservador y militarista, que se creía ausente desde el final de la dictadura en 1985. De su mano, un sector hasta ahora inorgánico y basado en pequeños partidos ubicados al margen del sistema puso patas para arriba todo el entramado institucional del país, dislocando las relaciones de fuerzas tradicionales en el Congreso y en los estados y promoviendo a figuras hasta ahora casi desconocidas.

Por lo pronto, Bolsonaro sumó 49,25 millones de votos y se impuso en 17 de los 26 estados brasileños, además del Distrito Federal de Brasilia, especialmente en el sudeste rico, mientras que solo nueve del postergado Nordeste y Norte quedaron en manos de Fernando Haddad, quien será su rival el domingo 28. En el restante, Ceará, ganó su caudillo histórico, el ahora laborista Ciro Gomes.


Los encuestadores y analistas, en tanto, esperaban que el Congreso experimentara pocos cambios, pero la ola amarilla los desmintió. En efecto, la renovación fue mayor que la calculada, haciendo que muchos postulantes mencionados en la operación Lava Jato perdieran ante rivales menos conocidos pero sin “ficha sucia”. Así, emerge un legislativo más fragmentado que el anterior, algo que dificultará la formación de alianzas. A no ser que, como espera hacer Bolsonaro si es elegido presidente, directamente se pase por encima de los liderazgos de esos grupos y se logre formar una base aliada que rompa con las fronteras partidarias habituales.

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