Bolsonaro y Maduro: la crónica de un conflicto anunciado

La semana pasada Jair Bolsonaro tomó posesión como el nuevo presidente de Brasil. El jueves Nicolás Maduro, quien sucedió a Hugo Chávez cuando murió, en 2013, asumirá su segundo mandato presidencial en Venezuela. Estas dos investiduras ejemplifican los desafíos que enfrentan la democracia, las alianzas internacionales y la unidad en América Latina.

Bolsonaro es un militar retirado, de extrema derecha, con un historial de declaraciones incendiarias sobre una variedad de temas, desde los derechos de la comunidad LGBT, de las mujeres y los afrobrasileños hasta Donald Trump, el presidente de Estados Unidos. Pese a que su familia ha sido acusada de corrupción, Bolsonaro fue elegido en medio de un clamor social en contra de la corrupción y de rechazo hacia la política tradicional, que solo se intensificó por la consternación generalizada por un índice récord de criminalidad. En cuanto ganó la elección, comenzó a pelearse con algunos mandatarios de la región —rescindió la invitación a Maduro y al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, a su investidura— y prácticamente rompió relaciones diplomáticas con Venezuela.


A la toma de posesión de Maduro —quien, según el ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, “jamás consideró asistir” a la investidura de Bolsonaro— irán pocos invitados. El Grupo de Lima, la Unión Europea y muchos otros países se negaron a reconocer la legitimidad de su reelección, así que solamente los líderes de Cuba, Bolivia, Nicaragua, El Salvador y un enviado especial del gobierno de México —que aunque prefiere ser discreto simpatiza con Maduro— estarán presentes en su asunción.