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miércoles 14 de abril de 2021
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Boquitas pintadas

Después de muchos años animando las previas y los entretiempos de los eventos deportivos en La Bombonera, las cheerleaders de Boca Juniors fueron desvinculadas del club. La dirigencia dejó a Las Boquitas sin derecho a pisar el césped bajo un pretexto que poco tiene de inédito en el listado de excusas elaborado entre la (sobre)adaptación al mercado de la moral del relato feminista hegemónico. “Evitar la cosificación del género femenino en el estadio” fue el argumento de la comisión directiva xeneize, un terreno de amplio poder donde el cupo femenino ni siquiera se teatraliza con representantes pasivas. “Llegamos hace casi 6 años, con la intención de recuperar el espíritu de espectáculo deportivo y familiar que había perdido el fútbol, por supuesto, sin generarle ningún costo económico al club. La plata de Boca es de y para los socios, es por eso que nuestros shows de animación deportiva siempre los hicimos de modo gratuito. Nuestros ingresos provenían de nuestros sponsors que con mucho esfuerzo pudimos conseguir”, dice el comunicado oficial en la fan page oficial de Las Boquitas en Facebook. Boca Juniors “afianza los lazos con el colectivo Ni una menos” yendo en contra del grupo de mujeres que, a base de autogestión, entrenamiento y trabajo, embellecían los tiempos muertos de los encuentros deportivos sin costos adicionales para el club. Quienes participaron del lobby detrás de esta decisión es un misterio que permanecerá convenientemente velado. Sin embargo, el asunto nos deja ante una pregunta todavía más hostil: ¿qué clase de política de género —protegida en los acordes del bolero falaz de la “responsabilidad empresaria”— puja por dejar sin trabajo a una mujer y por qué?

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