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miércoles 28 de octubre de 2020
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Borges rechazó el Nobel

El eterno demorado, el prototipo del escritor pospuesto, el baluarte de la injusticia y la negligencia suecas a la hora de otorgar el Premio Nobel de Literatura se baja del estrado. Su nombre siempre aparece al lado de los de Joyce, Pessoa, Virginia Woolf, Tolstoi, Valéry, Nabokov y John Updike, entre tantos otros. Borges pudo haber recibido el Premio Nobel de Literatura, pero no lo quiso. Prefirió el título honoris causa y la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O’Higgins de manos de Augusto Pinochet, el 21 de septiembre de 1976, el mismo día del asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington.

Eso se lee en el libro La furtiva dinamita. Historias, polémicas y ensayos sobre el Premio Nobel de Literatura, de Juan Pablo Bertazza (Editorial Octubre), en el que se reproduce un fragmento de la entrevista concedida por María Kodama al autor del libro en abril de este año al canal de noticias CN23. De su relato se deduce que la Academia Sueca estaba dispuesta a premiarlo, pero pedía –en coincidencia con los preceptos con que debían establecerse las candidaturas, establecidos por el propio Alfred Nobel antes de morir– que fuera entre aquellos que “hicieran la obra más sobresaliente en el campo de la literatura en una dirección ideal”. La incertidumbre de una frase tan acotada como única receta fue leída por la Academia Sueca, es leída y seguirá siendo leída de las maneras más dispares. Pero, al parecer, en septiembre de 1976 significaba no cruzar la cordillera y abrazarse con Augusto Pinochet. Del mismo modo en que tal vez significaba pasar por alto el almuerzo celebrado en la Casa Rosada el 19 de mayo del mismo año, dos meses después del golpe de Estado, que reunió al sacerdote Leonardo Castellani, al presidente Jorge rafael Videla, al secretario de la presidencia, José Villarreal, y a los escritores Ernesto Sabato, Horacio Esteban Ratti y Jorge Luis Borges. A la salida del encuentro con Videla, la prensa recogió las impresiones de los comensales. Borges, conciso y contundente, dijo entonces: “Es todo un caballero”.

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