lunes 10 de diciembre

Brecha digital: conectados vs. desconectados, la peor grieta

Sin ocultar su frustración, encaró el micrófono, frente a muchos periodistas, e hizo oír su reclamo: “No puede ser que apenas salimos a la ruta 2 se nos corte el celular”. El indignado no era un viajero frecuente a Mar del Plata, ni un dirigente de la oposición, ni pertenecía a una entidad de defensa del consumidor. Era el presidente Mauricio Macri, y estaba hablando, al cabo del retiro con sus ministros en Chapadmalal, el mes pasado, de conectividad: el acceso a Internet y a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Las ya célebres TIC, que han dividido la historia en antes y después. En el Primer Mundo, la conectividad es un tema virtualmente superado; en la Argentina, llega a ser dramático.

Según cifras oficiales, uno de cada tres argentinos no está conectado a una red de banda ancha fija, y los que sí están no pueden cantar victoria: probablemente su conexión es precaria -lenta, insegura- y, en muchos casos, cara. Además, al menos el 40% de los que acceden a la Web no saben usarla. La distancia entre unos y otros, entre los que la han incorporado a sus vidas a tal punto de no imaginarse ya sin ella, y los que quedan afuera, al desamparo, se denomina “brecha digital”. Una suerte de grieta tecnológica, acaso más traumática y disfuncional que la política.


Mal de muchos, consuelo de argentinos. En el mundo hay unos 4500 millones de personas (dos tercios de la población) a las que no les llegan las nuevas tecnologías. La otra brecha se da entre quienes les sacan provecho y los que no saben usarlas. Este déficit, que hace estragos en la calidad de vida, tiene un nombre: analfabetismo digital.

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