Breve historia de la grieta y sus virtudes

En una reciente entrevista en la que le preguntaron qué pensaba de la política argentina, Joaquín Sabina opinó: “Todos mis amigos han sido muy K. Yo no tanto. Creo que el gobierno de Néstor hizo cosas que estuvieron muy bien, pero al final y con Cristina dividieron al país de modo tal de ‘Estás conmigo o contra mí’. No me gusta”.

El conocido artista suscribe así a una de nuestras más tenaces letanías de cola de verdulería: la grieta que separa a los argentinos. No deja de sorprenderme el enorme poder con el que debería contar un gobierno para lograr separar a un país unido. Aunque es aún más sorprendente en el caso de un país como el nuestro, que nunca lo estuvo; al menos desde que los patriotas se opusieron a los realistas, los unitarios a los federales, los antirrosistas a los rosistas, los liberales a los autonomistas, los radicales a los conservadores, los antiyrigoyenistas a los yrigoyenistas, los antiperonistas a los peronistas, los desarrollistas a los liberales, los trotkistas a los trotkistas, y, últimamente, los antikirchneristas a los kirchneristas.