Cada vez menos gente quiere trabajar con Trump

Hubo un tiempo en que trabajar para la Casa Blanca era un privilegio. Entrar en los segundos y terceros niveles de mando de la nación más poderosa del mundo abría las puertas a un futuro prometedor. Daba al elegido ese toque de experiencia premiumy contacto exclusivo que tan apreciado es por las élites de Washington. Eso era así antes del terremoto.

Con Donald Trump, la corte ha cambiado. Para muchos candidatos, al frente de la Casa Blanca ya no hay una idea de nación, sino un hombre enfadado con el mundo, que desprecia a sus vecinos y no duda en utilizar el látigo de Twitter para humillar a sus propios colaboradores. Un gobernante asediado por un escándalo que todo lo devora y que le ha obligado hasta a contratar un abogado privado. Los efectos de ese universo en llamas, de sus continuos sobresaltos e incierto futuro, han alterado los equilibrios tradicionales. Lo que antes eran puestos por los que se peleaba a dentelladas, ahora son despachos radiactivos, capaces de contaminar a quien los tome. Los datos hablan por sí mismos.