martes 18 de septiembre

Cambiemos: llegar al poder para devolverlo

La crisis causó un nuevo Lanata, se podría decir. Un domingo reciente presentó un informe sobre los heridos y caídos del mapa tras la corrida cambiaria. Dentro de ese universo de mortificados mostró a una pareja de clase media a la que se les había adjudicado un PROCREAR. Estos jóvenes dichosos emprendieron su carrera desesperada contra la burocracia y la depredación inmobiliaria para que el monto no les quede corto. Estuvieron a 20 mil dólares de agarrar el sueño de la casa propia, y cuando ya habían agotado también todos los recursos de préstamos familiares desistieron. Ya habían abandonado el departamento que alquilaban (son un matrimonio con un bebé), y se fueron a vivir a la casa de los padres de ella, amontonaron sus cosas en el garaje.

Viene a cuento porque no sólo Lanata tiene en esa pareja de defraudados su histórico sujeto, sino también porque a esta altura del gobierno podemos preguntarnos todos: ¿a qué ciudadano de a pie le sirvió hasta ahora este gobierno? No lloraron ni rabiaron, pero eran el reverso de la pareja del Galicia: vuelvo rendido a la casita de mis viejos. Capitalismo no apto para consumistas, ni aspirantes al progreso.


Cada choque de placas tectónicas de la economía deja víctimas reales así, en fosas comunes, y es atento el reflejo televisivo que los ve venir como a zombis y captura su testimonio. La oposición debería recoger el guante de este nuevo género de perdedores: Cambiemos tiene sus víctimas. Un tip para la retórica: es hora de decir más “los argentinos”, se acabó el tiempo de políticos opositores comentando la política o la unidad del peronismo como si fuera su objeto de estudio o vestidos con un cotillón ideológico que transpira endogamia. En mayo se abrió una herida real. Comenzó a vivirse el trauma de este gobierno, y el relato de sus traumados. Cada gobierno deja los suyos, y mayo abrió la “marca Cambiemos”: los que creyeron en la meritocracia y quedaron con la ñata contra el vidrio del festival de bonos.

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