Cambiemos y el sacrificio del futuro

En la campaña de 2015 Cambiemos prometió modernidad, consenso y un porvenir armónico. Como Gobierno, se alejó del horizonte optimista y convirtió en sus adversarios a aquellos grupos sociales que «no se sacrifican» y “defienden sus privilegios”. ¿Qué consecuencias tuvo este cambio de discurso? ¿Adoptará nuevamente una estrategia populista para estas elecciones? Adelanto de ¿Por qué funciona el populismo?, el libro de María Esperanza Casullo publicado por Siglo XXI.

Tal vez la mejor síntesis de la formación discursiva que tan buenos resultados le dio a Cambiemos en 2015 fue el eslogan “Cambiemos pasado por futuro”. La imagen de la coalición quedó así fuertemente ligada a connotaciones positivas: cambio, futuro, modernidad, consenso, alegría, familia, servicio. Estos atributos se combinaban con una dimensión actitudinal clave: la idea de que la política no debía estar ligada al sufrimiento ni al sacrificio, sino que podía ser una actividad descontracturada, que no eliminara ni oprimiera la “verdadera felicidad” de las personas, que es el ámbito familiar y privado. Sin embargo, una vez en el gobierno, al macrismo le fue cada vez más difícil mantener esta línea discursiva.


Sin embargo, un estudio atento de los discursos de Macri desde el acto de asunción el 10 de diciembre de 2015 pone de manifiesto una deriva semántica que podríamos denominar “la progresiva desaparición del horizonte de futuro” del discurso presidencial. Así, el anclaje en un horizonte venturoso y en una visión de la política como una mera “solucionadora de problemas” que no debe “molestar” a la gente fue reemplazado por dos ideas complementarias: primero, la necesidad moral de la mayoría de reducir grados de bienestar que serían inauténticos o “populistas” y, segundo, la progresiva aparición de una visión nostálgica de un orden social pasado, que habría sido corrompido o alterado por el populismo.