lunes 26 de septiembre de 2022
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Caos, traumas y millones: ¿qué se esconde tras los algoritmos?

Tyler Blevins no es conocido por su nombre, pero sí, acaso, por su pelo turquesa, su apodo (Ninja) y sus habilidades como videogamer. Es referente de una generación profesional (no es un teen, ya tiene 31 años), encabeza las listas de streamers más taquilleros (acumuló ganancias por más de 40 millones de dólares anuales), pero el sábado pasado fue noticia por una decisión repentina: colgó el headset. Durante una transmisión en vivo en Twitch, abruptamente, al finalizar una partida, se mostró agotado (“No doy más, necesito parar”) y borró sus cuentas y perfiles en varias redes. Las hipótesis se dispararon: ¿síndrome de burnout por las exigencias de la vida en pantalla o apenas un cambio de plataforma hacia otra más beneficiosa económicamente? O peor, ¿simple estrategia enigmática? Días atrás, su colega Imane “Pokimane” Anys, referente femenina de las streamers, también decidió discontinuar sus transmisiones vía Twitch: se ausentó durante un mes y volvió esta semana, con un video en YouTube, explicando que esa actividad no la “llenaba creativamente”.

Detrás del éxito, la tarea de quienes transmiten sus actividades full-time (¿full-life?) parece encerrar muchos conflictos y presiones menos visibles, pero tan cruentas o épicas como las coloridas batallas de juegos como Fortnite o League of Legends. Psicológicas y económicas. Son el eslabón más reciente de una legión de usuarios y creadores de contenido, envueltos en exigentes rutinas y tentadoras remuneraciones, regidas por el arbitrio de las plataformas y sus algoritmos.

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