lunes 26 de septiembre de 2022
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Carlos Maslatón, el «influencer» inesperado

A los 12 años, Carlos Maslatón (Buenos Aires, 1958) tomó una decisión tan tajante como peculiar: nunca más almorzaría o cenaría en su casa. Todavía no estaba en sus planes ser abogado, dedicarse a la política, formar parte del embrión de las puntocom y luego de las criptomonedas, apasionarse por la historia económica, convertirse en un adalid del liberalismo criollo o los anticuarentena y, menos aún, en un impensado referente histriónico-pop para algún sector sub-30. Lo cierto es que desde entonces, y a lo largo de medio siglo, no ha cejado de inyectarle capitales a la industria gastronómica nativa, ya que solo se ha alimentado en restaurantes y bares. En ocasiones, con una excentricidad añadida: si el lugar es nuevo, él y sus amigos piden el menú entero, en una suerte de testeo relámpago. “Debo llevar más de 30.000 comidas afuera”, dice, con un gesto entre imparcial y conforme.

Estamos en el Oak Bar del Palacio Duhau, uno de los locales más elegantes de Buenos Aires, ubicado dentro del Hyatt Hotel de la Avenida Alvear, meca del patriciado vernáculo. Alrededor, todo es madera y confort y se respira la apacible tranquilidad de los hoteles de elite. Es uno de los lugares predilectos de Maslatón, dentro de una ciudad que defiende y alaba con fervor militante. “Hace 40 años atrás, Buenos Aires estaba entre las 15 mejores plazas del mundo; ahora no debe estar ni entre las 60. Pero puede volver, toda Argentina puede volver a tener los grandes indicadores que tuvo hasta mitad de los años sesenta. Tuvimos varias crisis económicas y políticas que son las que generaron la gran decadencia del país, pero para mí no está destruido, puede levantar perfectamente. Yo estoy convencido que el ciclo histórico de decadencia ha terminado”.

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