Carlos Rosenkrantz motivó el cambio de postura de la AMIA en la causa memorándum

La eclosión de esta trama se produjo, silenciosamente, en Jerusalem. El 18 de enero se encontraban allí los presidentes de la AMIA y la DAIA, Agustín Zbar y Jorge Knoblovits, junto con Sara Garfunkel, madre de Alberto Nisman, para la inauguración de un monumento en homenaje al malogrado fiscal. Lo cierto es que entre esos dos hombres había una penumbra. Zbar acababa de sugerirle a Knoblovits la conveniencia de que la DAIA renuncie como querellante en la causa por el Memorándum de Entendimiento con Irán; en otras palabras, que desista de acusar por ello a Cristina Fernández de Kirchner. Y fundamentó el asunto con una evaluación lapidaria del futuro de dicho expediente.

Tal vez Knoblovits haya percibido al vuelo que su interlocutor contaba con información reservada. De ser así, estaba en lo cierto. La fuente –según confió a Tiempo un asesor del propio Zbar– fue nada menos que el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkranz –su viejo socio en el bufete Bouzat, Rosenkrantz & Zbar y ahora su conspicuo proveedor de datos confidenciales del Poder Judicial–, quien se habría comunicado con él en la segunda semana del año para anticiparle el inminente derrumbe de aquella causa, ya elevada a juicio por el juez federal Claudio Bonadío.


Se trata de un himno a la extinción del Estado de Derecho en Argentina. Una grosera impostura que llevó tras las rejas a cuatro personas: Luís D’Elía, Carlos Zannini, Jorge Khalil y Fernando Esteche (quien aún está detenido). En ese contexto el procesamiento de Héctor Timerman requirió, por su debilitada salud, una dosis extrema de crueldad. Prueba de eso es que su absurda prisión domiciliaria le impidió viajar a Estados Unidos para continuar el tratamiento oncológico. Y eso aceleró su fallecimiento.