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miércoles 27 de octubre de 2021
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Casarse es mejor que morir, ¿no?

“¿Y si tan solo nos casamos?”, preguntó Chris.

“Muy bien”, le dije, y después me desmayé de cansancio.

No sabía qué me pasaba; sentía que mi cuerpo se estaba apagando. Necesitaba ir al hospital pero, como actriz sin grandes oportunidades que tenía empleos de medio tiempo para pagar las cuentas, no tenía seguro médico.

Chris y yo habíamos estado juntos y felices durante tres años, viviendo en departamentos separados en la ciudad de Nueva York. Ninguno de nosotros estaba ansioso por casarse. Él era divorciado y no estaba listo para apresurar nada. Yo quería estar con alguien que amara, pero me creía demasiado progresista para tener una relación tan convencional.

Era cínica respecto del amor, o quizá cínica por lo que el matrimonio le podía hacer al amor. Me acechaban mis recuerdos de la infancia sobre el matrimonio de mis padres. Cuando tenía 5 años, mi madre se casó con mi padrastro cuatro meses después de conocerlo, sin darse cuenta de lo difícil que sería unir a nuestras familias, tan diferentes.

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