Caso Taringa! por dentro: cómo pasó de posible unicornio a perseguida por la Justicia y venderse a precio de saldo

Hace 15 años, el estudiante de secundaria Fernando Sanz dedicó parte de su tiempo libre para diseñar un foro, uno de los formatos de sitio web más usados por esa época.

Durante esas tardes que pasaba sentado frente a la computadora nunca imaginó que su sitio sería uno de los más visitados de la Argentina. Tampoco sabía que el nombre de su proyecto era el de una ciudad australiana, algo que descubrió por uno de los usuarios del sitio: Taringa!.


Mucho menos esperaría que su foro iba a recibir importantes ofertas de dos pesos pesados de la Argentina y uno del exterior. De haberlo sabido, no hubiera aceptado los u$s5.000 que le ofreció un trío de amigos: los hermanos Matías y Hernán Botbol y Alberto Nakayama.

Desde entonces, este triunvirato, también socios en el servicio de hosting Wiroos, lograron que la empresa creciera a un ritmo vertiginoso y fuera punta de lanza en Latinoamérica de la Web 2.0, una Internet donde el usuario toma control de los contenidos: no sólo los consume, también los produce.