domingo 23 de enero de 2022
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Castillos en el aire: el mejor y el peor escenario hoy son igual de posibles

Supongamos que la cuarta ola causada por Ómicron es leve y tiene impacto económico reducido. Esta línea podría ser parte de cualquier pronóstico sobre el nivel de actividad esperado en 2022, y demuestra que tan inestable pueden ser los componentes clave de estos cálculos: las suposiciones.

Si el Gobierno espera una mejora del PBI de 4% y los consultores privados la estiran por encima de 2%, la diferencia no es necesariamente producto de un error doloso. Es parte de una metodología que combina datos con diferentes proporciones y un sesgo inevitable: cuánta información utilizar y de qué fuentes es responsabilidad de cada pronosticador. No hay que pasar por alto que la calidad de los productos, como pasa en la gastronomía, incide en los resultados.

Como se dijo al comienzo, el origen de todo son suposiciones. Hoy una de las más generalizadas es que va a haber acuerdo para refinanciar la deuda con el FMI. Nadie usa otra porque simplemente transformaría toda la ecuación en negativa. No hay casillero que indique suicidio colectivo, por el momento. Otra es que el Covid en este caso está lejos de repetir el impacto que causó en 2021. Los economistas que aportan sus proyecciones al BCRA (sintetizadas luego en el REM) incorporaron una estimación de inflación para todo el año de casi 55% y una variación del tipo de cambio nominal de 60%, positiva en términos reales. En actividad económica, la estimación para este año toma como base una variación de 2,9%.

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