sábado 27 de noviembre de 2021
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Cataluña: se buscan demócratas

Los policías golpeaban a los viejos. Los policías golpeaban a los adultos. Los policías apaleaban a hombres y mujeres. Los policías impedían que la gente pusiera un voto en una urna. Por cada golpe que daban, nacía un independentista nuevo. Las urnas, que habían comenzado como una farsa, empezaban a parecer reales. La derecha catalanista, que dirige el proceso de independencia, comenzaba a envolverse en su falso heroísmo. Una vez más, el Partido Popular conseguía lo imposible.

Mariano Rajoy, presidente de gobierno de España, no escapó al bulto. Y, como siempre, dio la nota. Se mostró exactamente como lo que es: un personaje de miras cortas y fracasos largos. No puede buscar una solución política al problema catalán. Y no le interesa hacerlo. Encerrado en su “Cataluña es parte de España”, escucha su voz y se deleita. Está enamorado de sus propias palabras y de su propia ceguera. Por eso ayer, para Rajoy, los palos y los tiros reemplazaron a las negociaciones. La violencia era, para él, la mejor manera de negar sus seis años de inacción, de ineptitud, de incapacidad.

Carles Puigdemont, President de la Generalitat de Catalunya, mostró también el verdadero rostro de su cruzada independentista: urnas colocadas ilegalmente, un referéndum sin garantías constitucionales, una votación sin censo, una violación estricta de la democracia. La misma ilegalidad con la que forzó el referéndum violando las leyes del propio Parlamento de Cataluña, la aplicó ayer para llamar a votar en un plebiscito que negaba a la mitad (o más de la mitad) de sus conciudadanos.

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