Cerdos y Peces: vuelve la voz inmunda de los ochenta

    La década del ochenta argentina podría describirse como una etapa de transición. La bisagra entre una Dictadura Militar de siete años, con el terror y las heridas aun suturando, y una democracia tímida, incipiente, que se encontraba dando sus primeros pasos. Dentro de aquel caldo de cultivo confluían jóvenes con ideales y ansias de cambio, vanguardistas que repudiaban las estructuras, hombres defraudados con una revolución socialista que no pudo ser y miles de personas que ignoraron –por acción u omisión- todo crisol de ideales y toda represión sanguinaria. En un artículo, María Moreno sintetiza muy bien el clima de época: “Del Café Einstein a la redacción de El Porteño, de las Madres de Plaza de Mayo al Parakultural, de los manuales de comportamiento gay de la CHA a los desplantes de Batato Barea, los años ochenta cambiaron –casi siempre a los ponchazos, con un vértigo tan saludable como caótico– las viejas agendas político-culturales y los protocolos sociales, minaron las fronteras entre identidades y prácticas y recuperaron una ilusión que parecía perdida: el goce y la fiesta volvían a ser posibles”.

    Se podrían tejer hipótesis acerca de cuál fue el rol de los medios de comunicación durante ese periodo. Surgen con rapidez la censura, la tergiversación y la desinformación –con las tapas de Gente sobre la Guerra de Malvinas aún calientes. Sin embargo, no todo era acatamiento del orden establecido. Desde los Estados Unidos comenzaban a llegar otras formas de hacer periodismo –influenciadas por el Non Fiction y el New Journalism de los años sesenta– investigaciones duras que se animaban a cuestionar el poder, jugueteos con la literatura, periodistas que no solo retrataban la realidad sino que contagiaban su propia experiencia al lector. Bajo ese prisma, que podría renovar a una prensa gráfica dormida y castigada con años de represión y censura, varios jóvenes gestaron proyectos gráficos entre las sombras, escondidos, refugiados en bares y redacciones minúsculas, que terminarían revolucionando los modos de hacer periodismo en la Argentina.