jueves 9 de diciembre de 2021
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¿Chalecos amarillos en España? Madrid no es París, pero cada vez se le parece más

El pasado 16 de octubre, miles de personas se manifestaron en la Puerta del Sol de Madrid para denunciar el impacto que la transición energética está teniendo sobre sus vidas. No hubo insultos, ni lunas rotas ni enfrentamientos con la Policía, como en los Campos Elíseos. En vez de chalecos amarillos, vestían camisetas blancas y coreaban un lema: ‘Renovables sí, pero no así’. Nadie quiere estar en contra de un proceso irreversible para el planeta, pero los tiempos y las formas se empiezan a colar en la agenda política. A dos años para las próximas elecciones generales, y con la luz y el combustible por las nubes, muchos empiezan a tomar nota. Madrid no es París, pero cada vez se le parece más.

La crisis energética ya ocupa titulares en los medios o discursos en el Parlamento, y ha situado en primer plano el debate sobre el impacto social de la transición. Las preocupaciones de los españoles también empiezan a coincidir con las de los franceses. La última vez que el CIS preguntó por el cambio climático, en enero de 2020, solo un 2,4% negó su existencia, mientras que el 82,7% se mostraba dispuesto a renunciar a algunas cosas del presente para vivir mejor en el futuro. De hecho, el porcentaje de personas que se oponían a reducir al mínimo el uso de vehículos contaminantes apenas superaba el 5%. Siempre que no se toque su bolsillo, claro. Y ahí está la clave del creciente descontento.

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