China afronta un centenario incómodo

Miles de estudiantes, encabezados por los de la Universidad de Pekín, se concentraron frente a la puerta de Tiananmen, el corazón geográfico y sentimental de la capital china, para clamar contra el abuso de poder extranjero y la debilidad del Gobierno. El “señor democracia” y el “señor ciencia” eran sus héroes, los únicos que —opinaban— podían enderezar China. Creían en la libertad artística, en la autodeterminación, en una democracia no necesariamente idéntica a la occidental, pero en la que el Gobierno prestara atención a las opiniones del pueblo.

Aquellos sucesos ocurrían el 4 de mayo de 1919, y servirían de inspiración 70 años después a los estudiantes que ocuparon de Tiananmen el 4 de junio de 1989 y que terminaron en un baño de sangre. Lo que se acabaría conociendo como el Movimiento 4 de Mayo —que protestaba contra la cesión del puerto chino de Qingdao a Japón— marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea china. De él emergerían importantes líderes políticos de la época, e incluso el propio Partido Comunista nacional (PCCh), que dos años después contaría entre sus fundadores con dos ideólogos del movimiento. Pero su centenario es una conmemoración incómoda en la China de hoy.