sábado 23 de junio

Chocar la calesita

Algunos funcionarios fueron precavidos y, al asumir, se esforzaron por borrar los rastros de sus pedanterías pretéritas. Es el caso del secretario de Comercio, Miguel Braun (@braunmi), quien ejerció su “derecho al olvido” sobre todo lo que tuiteó acerca del dólar cuando era apenas director de la Fundación Pensar y sobrino del dueño de los supermercados La Anónima. En un saludable ejercicio de autocrítica, Braun admitió ayer que había sido un error subestimar el traslado a precios de la devaluación y el impacto del alza de tarifas sobre la inflación. Fue por la mañana, por radio Metro, antes que abriera una jornada cambiaria que dejó igual de boquiabiertos a operadores de la City, empresarios y políticos de todo pelaje. Nadie esperaba otra disparada y mucho menos un cierre como el que finalmente ocurrió: con apenas un millón de dólares, en el último minuto de la rueda, alguien corrió el precio mayorista de la divisa de 22,30 a 23 pesos. Un 35% más de lo que valía a inicios de diciembre.

Agustín Collazo, el joven economista de la Di Tella con posgrado en Chicago que Federico Sturzenegger colocó al frente de la estratégica mesa de operaciones del Central, se convirtió en el blanco favorito de las críticas de propios y extraños. Todos acusaron a él y a su jefe de haber chocado la calesita. Pero la que peor le cayó fue la del banco de inversión Morgan Stanley, donde revistaba hasta dos años atrás como estratega de derivados e índices accionarios para las Américas. En una circular que distribuyó desde Manhattan entre sus clientes apenas 43 minutos después del cierre, estimó que “no hay garantías de que vaya a tener éxito en lo inmediato en anclar el tipo de cambio”. Ese anclaje, agregó el banco, “es indispensable para evitar una disparada que no solo tendría gran impacto en la actividad real y en el humor de los mercados sino también en un bien público muy preciado: la estabilidad financiera”.


Morgan Stanley también le recomendó al Central que descarte la meta de inflación del 15% que fijó apenas cuatro meses atrás, tras la conferencia de prensa del 28 de diciembre, “porque ahora es menos creíble de lo que era antes de la reciente devaluación”. Y le sugirió a Sturzenegger que utilice un arma que la política lo obligó a descargar: el mercado de dólar futuro: “Es una herramienta que ofrece una cobertura valiosa y se pacta en moneda local, por lo cual no tiene un costo inmediato para las reservas”. Anteayer, el banco central brasileño anunció que saldría a jugar fuerte en el mercado de swaps cambiarios, un instrumento análogo a los futuros.

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