¿Ciencia “inútil”? Por qué la investigación básica, humana y social es estratégica

A fines del siglo XIX, mientras paseaba por París en su bicicleta impulsado tanto por el motor de su genialidad indómita como por una petaca de absenta ya casi vacía, el poeta francés Alfred Jarry inventó una ciencia paródica, una filosofía esotérica, un movimiento cultural disparatado. Un todo-en-uno: la ‘Patafísica (así, con apóstrofo por puro capricho de su creador), una pseudodisciplina de lo particular para estudiar las leyes que gobiernan las excepciones.

En su obra Las gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico (1911), publicada cuatro años después de morir de tuberculosis, este precursor de dadaístas y surrealistas delineó en una clara reacción bufonesca contra la doctrina del progreso en la época un método para explorar la inutilidad y así entender lo que una sociedad determina como valioso.


Como experimento provocador e invitación a la exploración de lo insólito y extraordinario, esta “ciencia de las soluciones imaginarias” contagió a personalidades inquietas como Joan Miró, Marcel Duchamp, Eugéne Ionesco. Y también caló hondo en la Argentina, que hoy cuenta con el Longevo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Ubuenos Aire, el instituto más antiguo en el mundo en estas cuestiones después del Collége de Pataphysique francés.