Cinefilia y whisky: Carlos Morelli y Rómulo Berruti recuerdan el gran éxito de Función privada

Carlos Morelli y Rómulo Berruti se reencuentran acodados detrás de la barra de La Biela, citados para recordar el inicio de esa leyenda cinéfila en formato chico que se llamó Función privada. Es curioso, la mística permanece intacta. Los parroquianos desenfundan sus teléfonos con una velocidad sólo esperable en un spaghetti western para retratar la épica del reencuentro. Luego, mientras se sucede la entrevista, otros se asoman por la ventana. «¿Cuándo vuelven?», «¿Cuándo vuelven?», es la pregunta reiterada por todos. Rómulo y Carlos sonríen. A veces dicen: «Pronto», a veces sólo sonríen y saludan. Por momentos hay preguntas, por momentos es un diálogo entre ellos sostenido -como en los matrimonios de años- con frases que uno comienza y el otro completa, y ambos devuelven en una brizna de café el pulso inolvidable de esas presentaciones ceñidas al fragor del champagne. «La idea era convertirlo en un auténtico show. Hacer algo distinto a lo que habían hecho Rubén Aldao o Emilio Ariño y hacer una revista de variedades», confirma Rómulo Berruti y añade: «Carlos consiguió Flash Gordon, que fue un impacto impresionante y después al noticiero lo grabábamos directamente en el Archivo General de la Nación. El primero lo encontré en el suelo de la Cinemateca Argentina. Lo pedimos y con Susana Tenreiro lo vimos en el canal y era un episodio de Sucesos argentinos completo». Así como los Beatles tenían a George Martin, ambos destacan la presencia de Susana Tenreiro como la productora capaz de resolver todos los problemas y cómo -mediante sus gestiones- el arte del fotógrafo Juan Carlos Bairo legó una foto de Marilyn que se fue original a su estudio para devolverla envuelta en una nube de misterio, marca indeleble del ciclo.