martes 23 de octubre

Clase media: ¿sector abonado a la queja o blanco de ajustes?

Es casi una ley estructural de la historia del país. Desde hace más de 80 años, la Argentina viene repitiendo sufrimientos, inestabilidades y estancamientos de manera inexorable, como si no pudiera escapar de ese destino trágico. Crisis políticas o financieras, bancarias o inflacionarias, cambiarias o de deudas retornan de manera impiadosa cada década para complicarnos la vida y demostrar que no aprendemos nada de los errores del pasado. Esta tendencia a la repetición freudiana es, sin duda, materia para el diván. Pero lo concreto es que en todo ese tiempo, los argentinos venimos gastando más de lo que tenemos y consumiendo más de lo que producimos. Basta un sólo ejemplo: del inicio de los años 30 hasta acá, sólo tuvimos diez años de equilibrio y superávit fiscal.

Economistas y polítólogos coinciden en señalar que superar esa historia de fracasos y frustraciones por creernos lo que no somos demandará varios períodos de gobierno. Con más voluntad que certeza, el presidente Mauricio Macri repite ahora que la furiosa crisis que atravesamos será la última de esa tendencia. En medio de la volatilidad en la que quedó inmerso el país desde mayo pasado, con la escapada del dólar y la inflación que no da tregua, pide sangre, sudor y lágrimas para lograrlo. Y la población, al igual que los mercados, le responde con el bolsillo. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG), que elabora la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, cayó 3,5% en agosto respecto del mes anterior, y se mantiene en los bajos niveles a los que llegó con la crisis cambiaria hace cuatro meses. Pero eso no es todo. Según el estudio, el actual nivel de confianza en la gestión oficial, ubicado en 1,94 puntos, supera por apenas 0,14 puntos al valor observado en el último mes de la gestión de Cristina Kirchner.


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