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lunes 18 de octubre de 2021
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Claudio María Domínguez y su faceta poco conocida de distribuidor de cine

Muchos lo recuerdan como el niño prodigio que contestaba sobre mitología griega en Odol pregunta. Algunos lo habrán conocido más recientemente, en su rol de guía espiritual inspirado en sus encuentros con la Madre Teresa de Calcuta, el Dalai Lama y Sai Baba. Otros, por su faceta de periodista televisivo y viajero. Pero quizá pocos sepan que, en una de sus mil vidas, Claudio María Domínguez fue, durante más de una década, un gran distribuidor cinematográfico, el autor de su propia leyenda, estrenador de algunos grandes films y de muchos otros no tan grandes, a los que supo convertir en éxitos gracias a su extraordinaria mano para titular: el más famoso de sus bautismos es Déjala morir adentro, con el que lanzó localmente un film más bien modesto llamado originalmente Julie Darling, con Sybil Danning y Anthony Franciosa, en 1986. También fue responsable de otros títulos irresistibles como ¿Me la saca doctor? (Compromising Positions) y El péndex está de la nuca, entre otros. “Era una suerte de Robin Hood muy interesante”, dice Calori: “No es que hacía caja y se la quedaba, sino que la metía en otras cosas de más riesgo. Muchos estrenos de films esenciales se le deben a él: entre otros La ley de la calle, de Coppola. Es además una persona de la que todos te hablan bien, en cámara y fuera de cámara. Y cuando lo conocés hoy, descubrís que no es bizarro, como todos imaginan: Claudio simplemente es como es”.

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