martes 11 de diciembre

¿Combatir el cambio climático? Ni siquiera hemos empezado

En 1988, cuando los líderes del mundo organizaron en Toronto su primera conferencia global en torno al cambio climático, la temperatura promedio de la Tierra era de poco más de medio grado Celsius por encima del promedio de las últimas dos décadas del siglo XIX, de acuerdo con cálculos de la NASA.

Las emisiones globales de gases de efecto invernadero conformaban el equivalente a unos 30.000 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, excluyendo las provenientes de la deforestación y el uso de tierras. Preocupados por su acumulación, los científicos y legisladores que se reunieron hicieron un llamado al mundo para reducir las emisiones de dióxido de carbono en una quinta parte.


Desde luego, eso no sucedió. Para 1997, cuando los diplomáticos del clima de las principales naciones del mundo se reunieron para negociar una ronda de reducciones de emisiones en Kioto, Japón, estas habían aumentado a cerca de 35.000 millones de toneladas, y la temperatura de la superficie del planeta se encontraba aproximadamente 0,7 grados Celsius por encima del promedio de finales del siglo XIX.

Se necesitaron casi dos décadas para que ocurriera el siguiente gran avance. Cuando los diplomáticos de prácticamente todos los países se reunieron en París hace tan solo dos años para crear otro acuerdo para combatir el cambio climático, la temperatura de la superficie del mundo ya era de casi 1,1 grados Celsius por encima del promedio a finales del siglo XIX. Además, el total de las emisiones de gases de efecto invernadero se había acercado a los 50.000 millones de toneladas.

No se trata de menospreciar a la diplomacia. Quizá esto sea lo mejor que podemos hacer. ¿Cómo se puede convencer a los países de adoptar estrategias costosas para dejar de utilizar combustibles fósiles cuando el impacto potencial del cambio climático sigue siendo incierto y solucionar el problema requiere acción colectiva? Como la mitigación de un solo país nos puede beneficiar a todos, los países estarán tentados a lavarse las manos y disfrutar del resultado de los esfuerzos de otros. Además, ninguna nación podrá resolver el problema de manera individual.

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