Cómo Australia se desencantó de la inmigración

Cinco días después de que cincuenta musulmanes fueron asesinados en Nueva Zelanda durante un ataque atribuido a un supremacista blanco australiano, el primer ministro de Australia, Scott Morrison, develó un plan que dijo abordaría un desafío fundamental que enfrenta el país.

No obstante, no se trató de una propuesta para combatir a los grupos de odio y la islamofobia. Era un plan para reducir la inmigración.


El plan del gobierno, que había estado gestándose durante meses, es un posible punto de inflexión para un país que ha sido moldeado por los inmigrantes desde su época como colonia penal británica y que se había presentado en años recientes como un modelo de la manera en que la inmigración, si se maneja adecuadamente, puede reforzar a un país.

Ahora, en medio del rechazo global a la inmigración que ha transformado la política en Estados Unidos, el Reino Unido y gran parte de Europa, incluso Australia está cambiando de dirección, al alejarse de una política que dio la bienvenida a extranjeros calificados que ayudaron a impulsar décadas de crecimiento económico, y que convirtió en una sociedad multicultural a un país que alguna vez estuvo cerrado a los inmigrantes que no fueran blancos.