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viernes 27 de noviembre de 2020
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Cómo conseguir dólares

Cerrás los ojos y ves la boutique del tango: Beto Brandoni cruza la 9 de Julio, la cámara lo toma desde arriba, paso apurado entre el enjambre, bienvenidos al cine nacional de la posguerra sucia… Esa escena es más que esa escena, es la de mil películas y relatos. El cine de la transición donde nunca no suena Piazzolla en el arranque con cualquiera de sus estaciones. Lo dice ese cine: volver es volver al centro, al cogollo, al nudo que enroscó a la Argentina para siempre. Cruzar la 9 de julio. Mezclarte ahí entre oficinistas, policías, servicios, pungas y coleros de las mil colas en las que hacer cola. El centro porteño. Sus cafés, citas, reencuentros. El centro tiene su anécdota religiosa, la contó Zita (la esposa de Aníbal Troilo) y la recogió Eduardo Berti en su libro “¿Por qué escuchamos a Aníbal Troilo?”. La pareja vivía en un regio departamento de la avenida Belgrano entre Solís y Entre Ríos, el barrio de Congreso. Pero una noche Aníbal estaba triste, con los ojos llorosos, frente a la ventana. -¿Qué te pasa, Aníbal? –Extraño Buenos Aires.

Eso cantaba Angelito Vargas. ¿Y dónde empieza una ciudad? Alfonsina Storni y Roberto Arlt son sus primeros cronistas, un minuto antes de que ese centro empiece a transformarse, cuando arranca con fuerza el siglo XX. Arlt escribe El Viaje urbano en su aguafuerte “El espíritu de la calle Corrientes no cambiará con el ensanche”. Avanza por nuestra avenida en dirección al centro. Dice y acumula: de Río de Janeiro a Medrano es “la calle de las queserías, los depósitos de cafeína y las fábricas de molinos”. De Medrano a Pueyrredón “ya pierde personalidad”. De Pueyrredón a Callao “ocurre el milagro”: turcos o israelitas. “Comerciantes de telas, perfumistas, electricistas, lustradores de botas, cooperativas, un mundo ruso-hebraico se mueve en esta vena…”. Pero “la verdadera calle Corrientes comienza para nosotros en Callao y termina en Esmeralda”, dice Arlt. “Calle de la galantería organizada, de los desocupados con plata, de los soñadores, de los que tienen una ‘condicional’ y se cuidan como la madre cuida al niño, este pedazo de la calle Corrientes es el cogollo de la ciudad, el alma de ella.”

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