martes 24 de mayo de 2022
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Cómo «distanciarse» de las noticias

Hay gente que no aguanta más. El otro día, Ana Ballesteros lo contaba así en Twitter: “Me está pasando lo mismo que con la crisis del Covid-19 y el desastre afgano. No puedo centrarme. No puedo leer. El nudo en el estómago constante, la preocupación. ¿Os afecta a vosotros de la misma manera?”. Se trata de una investigadora española senior, por lo que leí en su perfil: sus facultades mentales están entrenadas. Entré en conversación con ella y, muy amable, me contó que debe seguir la actualidad por su trabajo. Añadió: “Acaba afectando, porque la sensación que queda pesa. No soy la única, más compañeros de think tanks, universidad, etc., sienten lo mismo”.

Los comentarios a su tuit abundan en matices. Otra tuitera aseguraba: “No sé si soy capaz de absorber la info”. Es la paradoja de nuestra era: tenemos más información que nunca, estamos más enterados de todo, pero somos más vulnerables al engaño y nuestras facultades cognitivas se agotan. La información nos abruma, porque nuestro cerebro no es capaz de procesarla. Si a eso se suma la vigilancia permanente que, en forma de incredulidad, tenemos activada para que no nos cuelen el último bulo, no resulta difícil darse cuenta de por qué el agotamiento mental se extiende como otra epidemia. Esta fatiga informativa causa desmemoria, dificulta el concentrarse e incluso el prestar atención. Hay a quien le provoca alteraciones del sueño.

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