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miércoles 21 de abril de 2021
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Cómo Facebook nos convierte en mercancía

En su último libro, Todo el mundo miente, Seth Stephens-Davidowitz señala la diferencia entre el lenguaje que usamos en Google y el que usamos en Facebook. Basta un ejemplo para entenderlo: en Facebook las palabras más asociadas a la frase «mi marido es?» son: «el mejor», «mi mejor amigo» y «buen mozo»; en Google, en cambio, las búsquedas más frecuentes con relación a esa misma frase son: «machista», «un vago» y «gay». El autor atribuye esta diferencia a que en Google buscamos respuestas de forma anónima, mientras que en Facebook queremos proyectar una imagen favorable. No es de asombrar entonces que hace unos meses el American Journal of Epidemiology haya publicado un estudio que muestra una relación inversa entre el uso de Facebook y la sensación general de bienestar y felicidad reportada por los usuarios: a mayor tiempo en la red social, menos felicidad y menos satisfacción en las actividades cotidianas.

Los autores del estudio, Holly Shakya y Nicholas Christakis, dicen que comparar nuestras vidas con las imágenes cuidadosamente seleccionadas de las vidas de los demás puede erosionar la autoestima, despertar sentimientos de envidia e inadecuación social. No es el único estudio que ha llegado a esta conclusión, pero sí uno de los más rigurosos realizados hasta ahora: midió automáticamente el tiempo que 5208 personas dedicaron a la red social durante tres años y lo relacionó con la percepción propia en relación con el bienestar físico y emocional de cada sujeto. Un 1% de aumento de clics, «me gusta» y «actualizaciones de estado» correspondió con una disminución de 5% a 8% de bienestar y salud mental.

lanacion.com.ar  (www.lanacion.com.ar)