martes 14 de agosto

Cómo funciona el aborto legal en Uruguay

La tercera en seis meses que llegaba como el resto: a la puerta de Emergencias, después de varios días escondida, con fiebre y anémica. Fuera de sí, como en trance. Era joven, igual a las demás. Y murió, como las otras, en silencio y por una infección feroz. Nadie supo cómo ni dónde ni con quién esa chica había abortado. Pero los médicos entendieron que tres muertes así, en tan poco tiempo y en una ciudad pequeña, era un número que titilaba en las estadísticas.

Sucedió en julio de 2001, cuando Uruguay intentaba salir de un colapso financiero que incluía ajuste fiscal, devaluación, 20% de desempleo y saqueos. Ese año, 19 mujeres murieron, nueve de ellas por aborto clandestino. Entre 2002 y 2003, el principal motivo de muerte materna fue por interrupciones inseguras.


Entonces en el Pereira Rossell, el hospital público donde aquella mujer falleció, los médicos se organizaron. Revisaron la ley, observaron que informar a las pacientes sobre cómo interrumpir un embarazo sin riesgos no era un delito. No recetaban el misoprostol –la pastilla abortiva– ni facilitaban contactos para conseguirla, pero asesoraban. Lo que había empezado en los pasillos, terminó en la conformación de un equipo integrado por clínicos, psicoanalistas, asistentes sociales y juristas, al que llamaron Iniciativas Sanitarias. Tomaron el modelo de El Abrojo, una ONG que trabaja en reducción de riesgos y daños con adictos a drogas ilegales. En Uruguay, la interrupción voluntaria del embarazo no estaba regulada. Y faltaba tanto…

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