domingo 23 de septiembre

Cómo funciona la Fundación Conin, y qué se hace en los cientos de centros que tiene en el país

Las palabras de Abel Albino no fueron un error. Lo que dijo el médico el miércoles pasado ante el plenario de Senado que evalúa el proyecto de aborto legal tampoco fue un exabrupto, ni una serie de ideas hilvanadas en un descuido y sin intención; mucho menos fueron simples “opiniones en otros campos, que son opiniones de él”, como dijo con más vehemencia que precisión el presidente poco después. Si Albino estaba allí despotricando contra la interrupción voluntaria del embarazo, fue porque el corazón de su imperio, la “metodología Conin”, es la oposición a toda política pública de educación sexual y salud sexual y reproductiva, a toda perspectiva de derechos sexuales. Por ello, una de las actividades básicas de los centros Conin son los talleres de “Planificación Familiar Natural”, donde enseñan “a las mujeres a controlar su fertilidad a través de la enseñanza de un método acorde con el ideario religioso de la Fundación, el Método de Ovulación Billings” –un método de antinconcepción “natural” basado en el recuento de días fértiles del ciclo–. También por eso quienes allí trabajan enseñan a las beneficiarias que las mujeres “somos más femeninas, usamos más palabras, más oraciones” y los varones “son más concretos”. O que “la familia está compuesta por la madre, el padre y los hijos”, porque “la relación sexual es pene y vagina. Eso es lo normal. Si hay otra conducta sexual no es normal”. Por supuesto, allí también se repite como mantra, mientras se proyecta un video sobre desarrollo embrionario, que “la vida empieza desde la concepción”. Así lo relevó la socióloga Camila Stimbaum en un trabajo de investigación realizado durante más de un año, entre fines de 2015 y de 2016, en uno de los centros Conin, el de Los Hornos, en lo que constituye un estudio pionero sobre las dinámicas cotidianas de la Fundación que, al finalizar este año habrá recibido más de 120 millones de pesos del Estado nacional en concepto de convenios varios, y otros montos no conocidos –pero posiblemente no modestos– por parte de grandes empresas. La senadora o el senadora que lo invitó al plenario (y cuya responsabilidad, con modestia, todavía calla) lo sabe. Quien convocó a hablar al médico nacido en Buenos Aires, graduado en Tucumán, especializado en la Universidad de Navarra (fundada por el mismísimo fundador del Opus Dei, el hoy santo Josemaría Escrivá de Balaguer) y radicado en Mendoza no es inocente en eso. A Albino lo llevaron al Senado por su perspectiva, y no a pesar de ella.


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