Cómo la CIA espió a la Argentina durante la guerra de Malvinas y le pasó información a Gran Bretaña

Cuando Ronald Reagan habló públicamente sobre la imparcialidad de los Estados Unidos en el conflicto entre Argentina y Gran Bretaña de 1982, Margaret Thatcher le preguntó al secretario de Estado Alexander Haig, quien cumplía una visita oficial en Londres a seis días del desembarco del 2 de abril en las Islas Malvinas, cómo era eso de que la Casa Blanca se ofrecía como un mediador desinteresado.

—Seguramente la primera ministra sabe dónde se ubica el presidente —la tranquilizó el funcionario de Reagan—. No somos imparciales.


La revelación, hecha a 30 años de la guerra por un documento desclasificado, incluyó también el agradecimiento de Thatcher “por la cooperación de los Estados Unidos en asuntos de Inteligencia y el uso de la isla de Ascensión”. Y Haig se disculpó porque, tras haber “analizado la situación con detenimiento” pensaba que había existido “una falla de inteligencia”.