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domingo 1 de agosto de 2021
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Cómo la covid-19 salvó uno de los iconos del «rock and roll»

“Este es el paso para convertirnos en la empresa de sonido más grande del mundo”. Las palabras las pronunciaba en 2014 un triunfal Henry Juszkiewicz, entonces consejero delegado de la icónica firma de guitarras eléctricas Gibson, tras anunciar la adquisición del departamento de audio y vídeo de Philips. Cuatro años más tarde, la compañía de Nashville (Tennessee, EE UU) se declaraba en quiebra y pasaba a manos del gigante de capital riesgo KKR.

La fallida operación con Philips, una licencia de marca por siete años que costó a Gibson Brands 135 millones de dólares (unos 110 millones de euros), tuvo mucho que ver con la deuda que la llevó a la bancarrota, pero estaba justificada con el compás de los tiempos. Las ventas de guitarras se habían derrumbado en Estados Unidos en los 10 años anteriores según Music Trades. The Washington Post declaraba en 2017 “la muerte lenta de la guitarra eléctrica”, y el mismísimo Eric Clapton zanjaba una rueda de prensa con un demoledor “quizás tenemos que aceptar que la guitarra se acabó”.

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