lunes 8 de agosto de 2022
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Cómo la inversión que hizo Cuba en escritores y artistas se volvió contra el régimen

En Cuba, cientos de personas inocentes están actualmente en prisión por haberse atrevido a exigir libertad hace un año. Los “afortunados” —entre ellos Abraham Jiménez Enoa, colaborador de la sección de Opinión de The Washington Post, y Carolina Barrero, historiadora del arte, protagonistas de este corto documental — fueron forzados a abandonar su propio país.

Esta es la manera en la que las autoridades cubanas están restableciendo el control luego de los eventos del 11 de julio de 2021, cuando la frustración por la escasez de alimentos y medicamentos, el COVID-19 y las décadas de tiranía detonaron las mayores protestas antigubernamentales en una generación. La policía sofocó los llamados a la democracia en cuestión de días. Actualmente, los jueces están desapareciendo a los disidentes de la vida pública con penas de hasta 25 años de prisión.

Cuando contacté a Barrero a finales del año pasado para producir un video sobre las manifestaciones, nunca esperé poder entrevistarla en persona. Ella estaba en La Habana. Yo estaba en Copenhague. Acabábamos de pasar una semana intentando organizar una videollamada por Zoom, algo que la infraestructura de internet de Cuba convierte en una pesadilla técnica. Pero luego recibí un mensaje de su amiga que decía que Barrero había sido arrestada por protestar contra la represión hacia los manifestantes del 11 de julio. Pocos días después, fue exiliada por su propio gobierno. “Vete o afrontarás duras consecuencias”, fue, en esencia, lo que le dijeron las autoridades.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)