Cómo la negativa de Japón a aceptar inmigrantes ha agudizado sus problemas más graves

Cuando el primer ministro de Japón Yasuhiro Nakasone afirmó en 1986 que el nivel intelectual en Estados Unidos era inferior al de su país porque allí había una población elevada de negros, portorriqueños e hispanos, sus palabras causaron gran revuelo en EE.UU.

En Japón, en cambio, su comentario (que seguramente hoy día no haría ningún gobernante, al menos en la esfera pública) pasó prácticamente desapercibido.


Y es que esta reticencia a aceptar a quienes se ven, actúan y se comportan de manera diferente es algo que estaba —y aunque en menor medida aún está- arraigado en la sociedad japonesa.

En parte por su condición de isla, Japón siempre tendió al aislacionismo, y hoy día mantiene vivo el orgullo de ser una nación homogénea construida en torno a una estricta política migratoria.