jueves 2 de diciembre de 2021
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Cómo leer más en 2015

La cuesta de enero se suele enfilar con agujetas. La resaca del 1 de enero, el no-día por antonomasia, esa jornada en la que mucha gente cena los bordes de la pizza que pidió a domicilio a mediodía, abona la vid para ese sentimiento de culpa en el que florecen los grandes propósitos. Durante esta primera semana del año, en definitiva, se firman cheques que no se podrán pagar. Y una de esas promesas, que uno se formula mientras pierde el tiempo revisando con una mezcla de melancolía y vergüenza las fotografías de la fiesta de Nochevieja en las redes sociales, es la de leer más.

En estas listas de propósitos, leer se sitúa (por una extraña razón que quizás anida en la culpa católica) en la misma esfera que, por ejemplo, no beber (en los fines de semana habituales esa promesa dura lo que tarda en desaparecer la resaca física, pero en Año nuevo se trata de una resaca metafísica que no se cura con paracetamol). También asoman la cabeza otros propósitos como perder peso, correr una maratón, dejar de fumar o ceder el asiento en el metro a nuestros mayores. Es decir, seré bueno porque: a) comeré acelgas hasta marzo, b) tomaré agua con gas hasta en el cumple de mi mejor amigo, c) leeré unas cuantas novelitas.

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