domingo 5 de diciembre de 2021
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Cómo mejorar el sistema electoral argentino

El sistema electoral argentino tiene problemas. Quizás no tan graves como para cuestionar una elección presidencial -como ha ocurrido en los Estados Unidos dos veces en menos de dos décadas- pero sí lo suficiente como para ganarse el descrédito de una parte significativa de los argentinos. Luego de más de cien años de la promulgación de la Ley Sáenz Peña que consagrara el voto secreto, ha envejecido. No hay dudas de que es hora de una reforma electoral.

En las elecciones PASO del día domingo 13 de agosto experimentamos uno de sus defectos más visibles. Durante las más de seis horas desde la primera publicación de datos oficiales -ocurrida a tres horas del cierre del comicio- hasta la finalización del escrutinio provisorio, los ciudadanos, los medios y los candidatos estuvimos sujetos a una pulseada “minuto a minuto” observando la diferencia entre los candidatos a senadores por la Provincia de Buenos Aires, en particular entre las listas encabezadas por Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner. Desde casi un 5% a las 21 horas hasta un exiguo 0,01% a las 3:30 horas en favor del primero, la diferencia comenzó a crecer cuando la segunda hizo su aparición pública, para terminar en un 0,08%. Y explotaron las denuncias de manipulación en la carga de telegramas y hasta de fraude.

En la mañana del lunes 14 las voces oficialistas coincidían: esto no hubiera ocurrido de haberse aprobado la reforma electoral enviada por el Gobierno al Congreso que, luego de la media sanción de Diputados, se encuentra frenada en el Senado. No hay ninguna duda, esto con “la boleta única electrónica” no habría pasado, y los culpables -por lo tanto- son los mismos que denuncian la manipulación: el kirchnerismo.

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