Cómo las selfies han revolucionado la industria del maquillaje

Han dado un vuelco. La terminología –maquillaje HD, corrector camera ready–, la formulación y nuestra percepción se han dejado llevar por un torbellino llamado selfie. Cada día nos fotografiamos más de un millón de veces, según un estudio de Techinfographics. Una revolución –comparable a la que causó el cine el siglo pasado al trastocar los fundamentos del maquillaje– que ha removido nuevamente los cimientos de los pigmentos. «Nunca habíamos sido tan activos a la hora de retratarnos. En las imágenes, muchos etiquetan el cosmético empleado. El impacto publicitario no tiene precedentes: se han disparado las ventas de nuestros polvos bronceadores (46,30 €) y de productos tres en uno como el Face Enhancing Trio (colorete, iluminador y bronceador; 45,90 €)», asegura Antonio Serrano, maquillador oficial de Shiseido. «El sector está experimentando un boom», corroboran desde la consultora NPD España. Las ventas en el mundo de maquillaje del grupo L’Oréal, líder del mercado, aumentaron un 19% en 2015; las de Estée Lauder, un 9%; y las de Coty, un 5%; un repunte que –después de un 2014 ramplón– la industria relaciona con la cultura del selfie.